En IX Del correcto uso de las ballenas:
-Me aseguran que en Hull, en Inglaterra, existe un museo del leviatán, donde tienen algunos ejemplares magníficos de ballenas de aleta dorsal y otras especies. [...] Por otra parte, en un pueblo del condado de York, en Inglaterra, llamado Burton Constable, un tal sir Clifford Constable tiene en su posesión el esqueleto de un cachalote [...] completamente articulado, de modo que se pueden abrir y cerrar, como si fuera una gran cómoda con cajones, todas sis cavidades óseas, desplegar sus costillas como un abanico y columpiarse un día entero en su mandíbula inferior.
Herman Melville, Moby Dick
En X La blancura de la ballena:
-Es una atmósfera mortecina y desolada, con un océano lúgubre y salvaje, que rompe en la base de la barrera, con olas entre heladas y espumosas, donde navegan flotas de icebergs. [...] Los osos polares de blanco pelaje aúllan al alejarse de sus cachorros, y las islas rechinan al aplastar los cráneos de las focas curiosas.
Herman Melville, Mardi
En XI La ballena melancólica:
-Un décimo de las rentas ordinarias del rey [...] es el derecho de los peces reales, que son la ballena y el esturión, los cuales, cuando son arrojados a tierra o apresados cerca de la costa, pertenecen al rey.
Herman Melville, Moby Dick
En XII Guerra fría contra las ballenas:
-Te has convertido en uno de nosotros,
mortal e hijo del infortunio.
Stanley Kunitz, The Wellfleet Whale
En XIII La guardia de las ballenas:
-¿Existe mayor milagro que mirarnos a los ojos?
Henry David Thoreau, Walden
En XIV Los confines de la Tierra:
-Sus habitantes son sobre todo descendientes de portugueses, indolentes y sin propósito. Los principales productos que exportan son vino y brandy, naranjas, maíz, judías, piñas y ganado. El clima es recomendable para la convalecencia de los pacientes de fiebres.
Enciclopedia Británica, 1933, artículo sobre las Azores.
En XV La caza:
-Sólo yo me escapé para contarlo.
Job
Reseña en lecturas errantes
-Allí Leviatán, la mayor de las criaturas, en las profundidades como un extenso promontorio duerme o nada, y parece una isla en movimiento; y por sus agallas regoge, y al respirar expulsa, todo un océano.
John Milton, El Paraíso Perdido, citado en la portadilla de la primera edición inglesa de Moby Dick.
En Prólogo:
-Me habías arrojado en lo más hondo,
en el corazón del mar,
una corriente me cercaba:
todas tus olas y tus crestas pasaban sobre mí.
Jonás, 2:4
En I Profundidades:
-El principal de estos motivos era la abrumadora idea de la propia gran ballena. Un monstruo tan portentoso y enigmático despertaba mi curiosidad.
Herman Melville, Moby Dick
En II El Pasaje:
-Aquí está pues la ciudad insular de los manhattoes, rodeada de muelles como las islas indígenas lo están de arrecifes de coral. El comercio la ciñe con su oleaje. A derecha y a izquierda las calles llevan al mar. En la punta extrema de la ciudad está el fuerte, augusta mole bañada por unas olas y refrescada por una brisa que hace sólo unas pocas horas no habían llegado a avistar tierra. Mirad la multitud que se congrega allí para contemplar el mar.
Pasead por la ciudad la soñolienta tarde de un sábado [...] ¿Qué veis? Apostados como centinelas silenciosos a lo largo de toda la ciudad hay miles y miles de hombres mortales absortos soñando con el océano [...] Nada les hace felices excepto el límite más extremo de la tierra firme [...] Decidme, ¿acaso les atrae hacia allí el poder magnético de las agujas de las brújulas de todos esos barcos?
Herman Melville, Moby Dick
En III El cachalote:
-No lo conozco, y jamás lo conoceré.
Herman Melville, Moby Dick
En IV Una promulgación asquerosa:
-¿Quién no es esclavo? Decídmelo.
Herman Melville, Moby Dick
En V Una tierra lejana:
-¡Nantucket! Sacad la carta y miradla. Ved el punto exacto que ocupa en el mundo, lejos de la costa, más solitaria que el faro de Eddystone. Miradla: una simple colina y un brazo de tierra; toda playa sin trasfondo alguno. [...] No hay que asombrarse, pues, de que los habitantes de Nantucket, nacidos en una playa, busquen su sustento en el mar.
Herman Melville, Moby Dick
En VI Órdenes selladas:
-William Bartley. ¿Cómo se le ocurrió desertar? Bueno, señor, a decir verdad, me dan miedo las ballenas...
Interrogatorio a los desertores del barco ballenero Houqua, 1835
En VII El divino imán:
-Para escribir un gran libro, debes elegir un gran tema.
Herman Melville, Moby Dick
En VIII Muy parecido a una ballena:
-¿Es posible afirmar que aquel que sólo conoce el valor del aceite y de las barbas de la ballena ha descubierto el verdadero sentido de la ballena?
Henry David Thoreau, Los Bosques de Maine
Reseña en lecturas errantes